706 años de las llamas de la ignominia.

31.07.2020

El 18 de marzo de este año se cumplían 706 años del trágico final del que fuera el último maestre de la Orden del Temple, Jacques de Molay.


El 18 de marzo del año 1314, Jacques de Molay, maestre general de la Orden del Temple, y Godofredo de Charnay, preceptor de Normandía, ardían en el fuego de la ignominia y de la infamia tras revocar todas sus anteriores confesiones y proclamar públicamente la inocencia de la Orden.

Su ejecución tenía lugar en una pequeña isla del Sena, conocida como isla de los judíos, isla situada entre los jardines del palacio real y la iglesia de San Agustín. 

Según cuenta la leyenda, Jacques de Molay, antes de morir, emplazó al rey de Francia Felipe IV y al papa Clemente V a comparecer ante el Tribunal de Dios en un plazo máximo de un año, para que de este modo pudieran rendir cuentas del crimen y la injusticia cometida con la Orden del Temple. 

Hoy por hoy es del todo posible demostrar documentalmente, que este hecho, la maldición de Molay, no es más que una leyenda, sin embargo, la historia y el destino, en ocasiones se unen en un caprichoso final inexplicable, porque se si alguna vez existió esa maldición, esta no terminó de cumplirse hasta el año 1695.

Según consta en un documento signado con el número J403-N17 que se encuentra en los Archivos Nacionales de Francia, el 28 de noviembre del año 1314, a su tercer testamento, Felipe IV añadía un codicilo mediante el cual confirmaba a las dominicas de San Luis de Poissy, la posesión de todas y cada una de los relicarios y las reliquias que les había donado en el momento de la fundación de la abadía. Además, el rey añadía a todo esto una bonita cruz que había sido de los templarios, una piedra preciosa a la que denomina con el nombre de camaheu, una sábana de oro que le habían regalado los hospitalarios, una capa de su hija Isabel, dos sábanas de oro que le había regalado el papa Clemente V y el espejo de Vincent de Beauvais, regalo de Guillermo de París.

Anteriormente, el rey había expresado su deseo de que su cuerpo fuera depositado después de su muerte en Saint-Denis y su corazón en Saint-Louis. Este testamento, el último, fue seguido por un codicilo fechado el 28 de noviembre de 1314 en el que dio al monasterio cierto número de reliquias. Anteriormente ya había escrito otros dos testamentos anteriores a la fundación de San Luis.

Tras su muerte, al día siguiente de la ceremonia fúnebre de Saint-Denis, su corazón fue llevado a Poissy tal y como había pedido, y fue sepultado en medio del coro de las religiosas.

Allí permaneció hasta el año 1695, año en el que un rayo caía sobre la iglesia de Poissy provocando un devastador incendio, incendio que quemó toda su estructura, fundió sus campanas, y como no, devoró el corazón de Felipe V.

381 años después de que Jacques de Molay ardiera en las llamas de la ignominia y de la infamia, Felipe V lo hacía en las llamas, quizás esta vez, de la justicia. 

Santiago Soler Seguí


Detalle del folio 334r del manuscrito Français 232, De casibus virorum illustrium (siglo XV). Iluminación de Laurent de Premierfait. Biblioteca Nacional de Francia. La ejecución de Jacques de Molay.