Las encomiendas agrícolas Templarias

02.04.2021

Como se sabe, los asentamientos templarios de Tierra Santa tenían una función eminentemente militar, estando orientados a la defensa y control de los territorios conquistados por los francos tras las expediciones cruzadas. El mantenimiento de estas fortalezas, castillos y caseríos fortificados, incluidas las guarniciones que los defendían, absorbió enormes cantidades de dinero, además de caballos, armas y víveres. Para cubrir estos gastos, la Orden había creado en Occidente una red de comendadores capaces de "producir" lo que se "consumía" en Oriente. Por lo tanto, el exterior constituía la línea de combate, el frente, mientras que Europa representaba la retaguardia. La preceptoría o encomienda de tipo occidental tenía la connotación de una granja real, cuyas principales actividades eran el cultivo y cría de ganado. Era completamente autosuficiente y se mantenía a sí mismo con sus propios beneficios; de hecho, tenía que producir más de lo necesario, ya que, como hemos visto, los excedentes servían a las necesidades de Tierra Santa. Los productos eran diferentes según la zona en la que se ubicaba, ya que los templarios respetaban las características específicas de los lugares: en casi todas partes se cultivaba trigo y casi siempre se criaba porcino; en las regiones del sur de Francia y en el sur de Italia producían el mejor vino y el mejor aceite, mientras que los caballos más aptos para la lucha procedían de España; Fuerte fue también la cría de ganado, utilizado como mano de obra, y ovino, de los que se obtenían lana, pieles, leche y quesos. El excedente podía enviarse directamente a la naturaleza, como en el caso de los caballos, trigo, aceite, vino, o transformarse, en las frecuentes ferias, en dinero o bienes que la preceptoría o encomienda no podía producir, pero que eran de primera necesidad, como armas. Los templarios comendadores de dirigir las preceptorías o encomiendas, generalmente sargentos o caballeros ya retirados de Tierra Santa, fueron sometidos a frecuentes inspecciones por parte de la Orden, que controlaba la producción, los gastos, la contabilidad (muy cuidadosa y precisa), los productos en el almacén. En caso de deficiencias o irregularidades, el comendador era sancionado y reemplazado inmediatamente; si, por el contrario, la encomienda resultaba objetivamente infructuosa o incluso cara, se intentaba venderla o canjearla, para no sobrecargar más las finanzas de la Orden. El carácter predominantemente agrícola de estos preceptorías o encomiendas está documentado por los interrogatorios de los distintos juicios iniciados contra los templarios, durante los cuales numerosos hermanos declararon que eran simples campesinos y no sabían nada de lo que sucedía en el interior de la Orden; por ejemplo, frey Vivolo de Sancto Justino, escuchado por los inquisidores el 10 de junio de 1310 en el palacio episcopal de Viterbo, afirmó ser vilis conditionis in dicto Order, et ad negocia rustica deputatus y que ruralis homo erat et agrícola.