Balduino IV, rey de Jerusalén

01.08.2020

Fue educado desde su infancia para ser rey y suceder a su padre como soberano de Jerusalén, la ciudad de mayor importancia para los cruzados en Tierra Santa en el siglo XII. Sin embargo, Balduino IV no pudo poner en práctica durante mucho tiempo las lecciones que sus maestros tan sabiamente le habían impartido. Y es que, murió con apenas 24 años aquejado de lepra, una enfermedad que, por aquel entonces, era considerada una maldición divina que caía sobre los pecadores que habían ofendido a los cielos. 

Aunque no parece que tuviese animadversión a su hermana, en los primeros meses de 1184, Balduino intentó que se anulase el matrimonio entre Sibila y Guido. La pareja se resistió, por lo que Balduino decidió nombrar sucesor a su sobrino, con el apoyo de Inés, Raimundo y de muchos barones, excluyendo así a Sibila de la sucesión. 

Raimundo actuaría como tutor del niño. Los años y la enfermedad hicieron estragos en su condición física: apenas con 20 años, presentaba graves secuelas físicas, su cara estaba desfigurada y se decía que la ocultaba usando una máscara, se encontraba prácticamente ciego y con las manos y piernas mutiladas. 

Balduino murió en 1185, poco después de su madre Inés. Aunque había sufrido toda su vida los efectos de la lepra, pudo mantenerse en el trono mucho más años de lo previsto. Le sucedió Balduino V, tal y como se había decidido, con Raimundo de Trípoli como regente. Murió cuando tenía apenas veinticuatro años y por todo lo que hizo en esos pocos años a pesar de su tormentosa enfermedad, su incapacidad y su ceguera final, llena de admiración y se ganó el respeto de quienes conocían su historia. Incluso su enemigo Saladino le llegó a admirar y respetar. 

Por ello no sólo los francos se inclinaron ante su memoria, sino también sus enemigos, los árabes. El Imán de Isapahán escribió: «ese joven leproso hizo respetar su autoridad al modo de los grandes príncipes como David o Salomón».

 Su estoica y dolorosa figura, tal vez la más noble de las Cruzadas, símbolo de heroísmo en la frontera de la santidad, ha sido víctima de un injusto olvido histórico.


Jose Luis Gómez Navarro

Detalle del folio 152v del manuscrito Ms. Yates Thompson 12, L'Estoire d'Eracles,  que se encuentra en la british library de Londres.  Guillermo de Tiro, tutor de Balduino, descubre que padece lepra.